Opinión

James, los errores se corrigen; la gratitud no se borra

Diana María Castillo Trujillo

Diana María Castillo Trujillo

Comunicadora Social – Esp en Política, Cultura y Educación – Master en Dirección de Recursos Humanos.

Vivimos en una época extraña. Una época en la que una fotografía que no se tomó parece generar más indignación que los problemas que verdaderamente deberían quitarnos el sueño como sociedad.

Durante los últimos días, millones de colombianos han discutido el gesto de James Rodríguez al no acceder a una fotografía con una menor de edad durante un acto protocolario. Y sí, hay que decirlo con claridad: si una niña te extiende la mano o te pide una foto, lo más elegante, lo más humilde y lo más humano es atenderla. Los niños no tienen la culpa de las diferencias políticas de los adultos.

Por eso considero que James pudo actuar mejor.

Pero también considero que una sociedad madura debe ser capaz de dimensionar las cosas.

Porque una cosa es señalar un error y otra muy distinta es convertirlo en una sentencia pública de odio. Las redes sociales se llenaron de insultos, agresiones y deseos de fracaso contra un hombre que, durante años, ha representado con orgullo los colores de Colombia.

¿De verdad hemos llegado al punto en que una fotografía vale más que una trayectoria?

¿De verdad un gesto equivocado pesa más que los goles que hicieron llorar de felicidad a millones de colombianos?

Lo preocupante no es la crítica. La crítica es válida. Lo preocupante es la desproporción.

Mientras discutimos durante horas si James fue arrogante o descortés, miles de niños colombianos siguen enfrentando realidades mucho más dolorosas. Mientras las redes arden por una fotografía, el país continúa conviviendo con la violencia, la pobreza, el reclutamiento de menores y tantas otras heridas que rara vez generan el mismo nivel de indignación colectiva.

Eso debería hacernos reflexionar.

James no es perfecto. Ningún deportista lo es. Los futbolistas también se equivocan, también se cansan, también reaccionan mal y también tienen momentos desafortunados. Lo importante es que los errores se reconozcan y se corrijan.

Pero tampoco podemos olvidar quién ha sido James para Colombia.

Durante años ha defendido la camiseta de la Selección con una pasión que pocos han demostrado. Ha soportado críticas feroces, lesiones, cambios de equipo, cuestionamientos permanentes y, aun así, cada vez que viste la camiseta amarilla parece recordar que representa mucho más que un partido de fútbol: representa la ilusión de un país entero.

En medio de una Colombia cada vez más polarizada, la Selección Nacional sigue siendo uno de los pocos espacios donde millones de personas logran sentirse parte de algo común.

Por eso duele ver cómo el odio político intenta apropiarse incluso de aquello que nos une.

A James se le puede exigir humildad. Se le puede pedir que reflexione sobre lo ocurrido. Pero también se le debe agradecer.

Gracias por las alegrías.

Gracias por las emociones.

Gracias por recordarnos, durante tantos años, que Colombia también puede unirse para celebrar.

Porque los errores se corrigen, pero la gratitud no debería borrarse tan fácilmente.

Querido James: si te equivocaste, ojalá tengas la oportunidad de corregirlo. Los grandes también aprenden de sus errores. Pero no permitas que el ruido de las redes sociales opaque todo lo que has construido.

Gracias por los goles, por las alegrías, por las noches inolvidables y por seguir defendiendo los colores de Colombia cuando muchos preferían darte por terminado.

Más allá de cualquier polémica pasajera, millones de colombianos seguimos reconociendo en ti a un futbolista que nunca ha ocultado su amor por la Selección.

Y en estos tiempos de división, recordar aquello que nos une vale mucho más que cualquier controversia del momento.

Confieso que para mí esta discusión nunca ha sido únicamente sobre James Rodríguez. Cada vez que veo a la Selección Colombia recuerdo a mi mamá. Recuerdo la emoción con la que esperaba los partidos, la ilusión con la que celebraba cada gol y ese sentimiento de orgullo nacional que despertaba en ella ver a Colombia competir ante el mundo. Por eso me duele cuando el odio político intenta apropiarse de algo que para muchas familias representa unión, esperanza y memoria. Para algunos, James es un futbolista. Para otros, es el recuerdo de una tarde en familia, de un abrazo después de un gol o de una persona querida que ya no está. Quizás por eso duele tanto ver cómo se transforma la gratitud en insulto y cómo olvidamos, tan rápido, las alegrías que alguna vez compartimos.

¡Gracias por todo, James David! 💛💙❤️

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