Opinión

Petro, el superhéroe que no existe pero que el pueblo anhela

José Aníbal Morales Castro

José Aníbal Morales Castro

Algo grande e histórico está ocurriendo en Colombia. Una hasta hace poco inimaginable convención de liberales se reúne y pide al “patrón” del partido que devuelva las llaves, y de una vez decide apoyar abiertamente a Gustavo Petro. Suele decirse que cuando el barco hace agua, las ratas saltan antes de que se hunda. Quizás eso dice bien de las ratas, de su inteligencia. Nada malo hay en que quieran salvar su pellejo. Quizás en política la cosa no sea tan clara. Se hunde el barco de los partidos tradicionales, ligados sempiternamente a la corrupción en el poder.

De la U, de Cambio Radical, del partido Conservador, del Mira, del partido Liberal y hasta del Centro Democrático se van retirando hombres y mujeres que ven cómo esos partidos no los pueden ya representar, bien sea porque están perdiendo su capacidad de incidir en la vida nacional (poder) o porque la esclerosis cerró las arterias por las que circulaban antes las ideas con las que ellos/as se sentían ligados. El ahijado de Uribe, Mauricio Lizcano, se va al Pacto Histórico. El compadre de Uribe, Roy Barreras, desde hace años había abandonado el barco uribista, el barco de la guerra, y se entregó al proceso de paz.

“Perdimos la guerra de la narrativa, perdimos esa batalla… nos metieron el cuento. ‘La democracia no sirve y es una mierda’, eso es lo que les gusta escuchar a los jóvenes”, dijo “Pachito” Santos, símbolo de la ultraderecha uribista. Así, como siempre, hablando con lenguaje bélico. ¿La “guerra de la narrativa”? ¿Cuál es esa?

Durante mucho tiempo, especialmente desde 2002 con la llegada de Uribe al poder, se repitió el mensaje de que las Farc eran las causantes de todas las desgracias de Colombia. Lo repitieron como un mantra que, en medio del desespero de los diversos sectores de la población frente a la aterradora violencia que la afectaba, llegó al alma de las grandes masas populares. Uribe se convirtió en héroe salvador. La mano fuerte y el lenguaje de la guerra para destruir al enemigo interno, encantaron a muchos. El pueblo se olvidó de las causas sociales y económicas del desastre.

Poco a poco el paramilitarismo y la muerte se fueron enseñoreando en los diversos rincones de la patria. Algunos ignoraban el origen y el fondo de la violencia genocida. Otros, lo sabían pero prefirieron mirar hacia arriba. Con tal de que el “orden” se mantenga, no importa que desaparezcan y maten a todos los que se opongan a ese “orden”. Las fuerzas armadas fueron vinculadas a ese aquelarre mortal. Hoy sabemos más de los miles de ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), de las fosas comunes, de los desplazamientos masivos, de las expropiaciones de tierras por medio de la violencia.

Ese orden, era el orden de la injusticia, de la desigualdad, de la exclusión social, de la riqueza para unos cuantos y de la miseria para las grandes masas de la población. Muchos, alienados por el poder, aprendieron a contentarse con las migajas. Esa era la narrativa, que hoy está derrotada. La narrativa de “los de arriba” sentados sobre “los de abajo”. Era la democracia formal, lejos del país real, la democracia sin derecho a protestar, la democracia esclavista.

Ahora, el pueblo ha despertado. Desde 2018 se vieron vientos de cambio real. Por primera vez la izquierda, con Gustavo Petro, obtuvo 8 millones de votos. ¡Nunca visto! Se robaron las elecciones. La narrativa ya comenzaba a fallarles. Pero se montaron con la podredumbre de la compra de votos. La “ñeñepolítica” triunfó, con descaro absoluto. En realidad, fue una práctica que el uribismo practicó desde sus comienzos, con el apoyo del brazo armado del paramilitarismo. Ya sabemos la verdad.

Desde entonces ha crecido y se ha posesionado una nueva narrativa. Es la narrativa de la vida, por encima y a despecho de la narrativa de la muerte. El pueblo se ha dado cuenta de que lo suyo no son las sobras de la mesa de los más enriquecidos. Ahora sabe que tiene derechos. Es esta narrativa de los derechos la que asusta, aterroriza a las élites acostumbradas a dominar esclavos y siervos. Esto es lo que se ha roto. La narrativa de la vida y de los derechos exige que el pueblo se levante con la exigencia de justicia, de libertad y de igualdad. Así lo hizo en el paro nacional de 2021. Muchos parecen no haberse dado cuenta del mandato que el pueblo entregó a sus líderes en esta histórica movilización. La Insurrección Comunera de 1781 luce muy pequeña frente a la gesta popular de 2021.

Muchos vieron a Uribe como héroe salvador. Ahora el pueblo quiere otro, pero ya no mero héroe, sino superhéroe. Héroes llamaron a Rito Alejo del Río y al general Montoya. Héroes llamaron también a los integrantes de algunos grupos paramilitares. Héroes…de la muerte. Y el pueblo sabe que no hay neutralidad posible. O se está a favor de la vida o se está a favor de la muerte. Por eso el centro en política, en Colombia, no existe. Se habla de extremistas, cuando se refieren a las ideas de Gustavo Petro. Pero el pueblo ha aprendido que no hay tal extremismo, no hay tal polarización en el odio. La lucha por la vida exige ponerse de lado de la defensa de los derechos humanos, del lado de los más empobrecidos, del lado de la justicia y del amor.

Petro se puso la capa de superhéroe, aunque no lo sea. ¿Qué fue lo que hizo en medio de un país dominado por las mafias aliadas con el paramilitarismo y los clanes políticos más corruptos? Denunciarlos a todos, sin ningún reparo. Así fueron a parar a la cárcel decenas de congresistas parapolíticos. No desmayó el paladín de la justicia. Su capa de superhéroe, aunque no sea tal, se infló pasando desde la Cámara de Representantes al Senado, y la usó también para denunciar a sus mismos copartidarios del Polo Democrático que se robaron a Bogotá, los Moreno Rojas.

El pueblo lo sabe. No es con tibiezas como se puede transformar el país desde sus bases. Son centenas de años de corrupción y de opresión. Se necesita algo más. El pueblo quiere un superhéroe, pero Petro no lo es. Tal vez un santo pudiera ayudar, pero Petro no lo es. Tal vez el padre Francisco de Roux sea ese santo. La gente desesperada quiere un dios que aplaque y someta a los violentos y a los corruptos, pero Petro no es ningún dios. Y, sin embargo, el pueblo ve a Petro como el adalid que lo lleva a la meta soñada de un país sin maquinarias politiqueras corruptas, de un país en paz; ahora, con una copartidaria enraizada en los sectores más populares y olvidados de Colombia: Francia Márquez.

La narrativa de la igualdad y de la vida, ha derrotado la narrativa de la muerte. Sí. Así es, sin duda. Petro no es ni héroe, ni superhéroe, ni santo, ni dios, pero la causa colectiva que ha generado tras de sí, puede ser la némesis de los que pensaron que la eternidad era su destino en el poder. Este enorme movimiento popular puede ser el Armagedón de los guerreristas y enemigos de la paz. Y lo será. Allá se ven ya los campesinos retornando a la tierra con dignidad, en medio de una reforma rural integral. Más allá, la juventud abalanzándose en pos del saber y del trabajo. Por acá, la primera infancia y los adultos mayores incluidos en el mundo de los derechos. Todos, también los más ricos, haciendo su aporte a una sociedad menos desigual. ¿Socialismo? ¿Comunismo?

Petro sabe muy bien del fracaso del modelo socialista en Rusia. Lo que hay allí es un hipercapitalismo con desigualdades peores que las de Estados Unidos. Sabe muy bien de lo que ocurrió en Cuba y de lo que ocurre en China, también hipercapitalista aunque con un partido comunista de 90 millones de integrantes. No podemos engañarnos. Aquí se plantea solo algo muy sencillo: la democratización del capitalismo. Y se hará con base en la Constitución aprobada por los constituyentes de 1991. Nada más.

¡Para la vida, la verdad y la paz, todo! ¡Para la guerra, la muerte y la violencia, …nada!

El 29 de mayo, se marca en el recuadro de Gustavo Petro Presidente, Francia Márquez Vicepresidenta. Y nos veremos el 7 de agosto en Bogotá, en la posesión del gobierno de “Colombia potencia mundial de la vida”.

Cali, mayo 19 de 2022

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