Opinión

El Sur también existe

José Aníbal Morales Castro

 

Que el “renacimiento” no nos coja dormidos
 
“…y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe”.
                                                 Mario Benedetti
 
 
“El norte es el que ordena”, sentenciaba en uno de sus versos el poeta uruguayo Mario Benedetti. El norte es el que ordena, ha sido siempre, dirán algunos. ¿Cuál norte? Está el norte geográfico. El hemisferio norte. ¿Qué hay allí, o quiénes hay allí que puedan ordenar el mundo? En Europa, todas las grandes potencias económicas, las conquistadoras y colonialistas desde que los viajes de Marco Polo y los sueños colombinos abrieran las fronteras del mundo y la codicia insaciable de los burgueses comerciantes y descubridores. Está Rusia, más tardíamente asomada al concierto de las potencias imperialistas. En América, Canadá y Estados Unidos, esta última nación autoproclamada “América”, haciendo innecesario hablar de América del norte, del sur, del centro. Estados Unidos es “América”. First América, proclama su último presidente; América para los americanos, proclamó el presidente Monroe. En esta frase hay que explicar el juego de palabras: América, todo el continente, para los americanos (los americanos de Alberto Cortés y de Piero), los estadounidenses. Doctrina Monroe que se habría de aplicar a las buenas o a las malas, lo supieron así Simón Bolívar, San Martín, Martí y también el presidente que les entregó a Panamá, José Manuel Marroquín. Era el norte. “El norte es el que ordena”.
 
Está el norte ya no geográfico sino más bien geopolítico. Ahí clasifican Japón y China, potencias orientales y los “tigres” asiáticos como Taiwan, Corea del Sur y Singapur. Australia, que está en el sur, puede hacer parte también de ese norte geopolítico. Ahí está configurado el norte que ordena. Ellos conforman el G-8, el G-20, en este último algunos son del sur, pero más bien recién llegados, invitados de última hora. Es el norte industrializado, más algunos “emergentes”. Alrededor de ese norte gira también la OCDE, con algunos países que, como Colombia, dicen hacer los méritos para pertenecer a este exclusivo club mundial. 
 
“Con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con su gesta invasora
el norte es el que ordena”.
 
Ese es el norte que impone sus criterios en los organismos de poder a nivel internacional y elabora las reglas del intercambio financiero, comercial, tecnológico y científico en todo el planeta. Es “el norte que ordena”, con el producto interno bruto, las empresas y los capitalistas más poderosos de la tierra. Ese norte ha regulado y controlado los precios desde las materias primas más valiosas para el desarrollo tecno-científico hasta los de productos como el café, el banano o las flores. Del norte son los países que conforman el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en calidad de permanentes, inamovibles, a saber, Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia. La sede de la ONU es el norte. La sede de la OEA es el norte. La sede la Corte Internacional de Justicia es el norte, también de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de la Unesco. El norte es Wall Street y Silicon Valley. Hollywood es también norte. Davos y el Foro Económico mundial son norte.
Pero ese norte desarrollado y poderoso puede ser como un gigante con pies de barro, el mismo portento del progreso y la industrialización que ha generado el hacinamiento en las grandes ciudades, hace que sean las naciones del primer mundo, del norte, las que sufran de peor manera el embate de la pandemia del Coronavirus. Son ya millones los contagiados y decenas de miles los muertos allí, cuando, es posible, que aún lo peor esté por venir. 
 
También está el sur. Las grandes selvas del planeta son el sur, en África, en Asia y en Latinoamérica. Las grandes reservas de agua dulce están en el sur. El petróleo que todavía abastece las fatigadas maquinarias capitalistas del norte, está en el sur, y también el oro, la bauxita, los diamantes, el níquel, el carbón, el coltan…Las grandes megalópolis de crecimiento desordenado y descontrolado están en el sur, desde Bombay hasta Ciudad de México y Sao Paulo. Pero el sur está también dentro del norte. Nueva York tiene sur. Afroamericanos, latinos, asiáticos y africanos inundan la metrópolis paradigmática del poder y del desarrollo, simbolizan la marginación y la discriminación ejercida no solo por los supremacistas blancos sino por una sociedad que, habiendo surgido de la fuerza colosal de la inmigración, ahora rechaza y excluye a los inmigrantes. El sur está allí presente. Durante la pandemia por el Covid-19 las tasas de muerte han sido exageradamente superiores entre latinos y afroamericanos. Y, ante el colapso de la economía estadounidense en la crisis sanitaria, los mismos inmigrantes excluidos y rechazados se han vuelto indispensables para el presidente racista, al requerir mano de obra en los sectores indispensables para alimentar a su población en medio de la parálisis. En medio de la expansión mortal del virus, muchos han sido los médicos y enfermeros del sur que han entregado su vida al servicio del norte. El norte necesita al sur. El Foro de Sao Paulo, El Foro Social Mundial (Portoalegre, Bombay, Nairobi), de los pueblos, la consigna “un nuevo mundo es posible”, por una globalización diferente, es sur. 
 
“Pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recorre el fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras que el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohíbe
con su esperanza dura
el sur también existe”.
 
En el norte también se encuentra el sur. Italia, norte, tiene un sur muy populoso y marginado (Nápoles, Calabria, Sicilia), con altos niveles de desempleo y miseria. Pero del sur llegan al norte las pateras cargadas de ilusiones de los desesperanzados de África, llegan a Estados Unidos tras el sueño americano los desarraigados latinoamericanos, tratando de romper los muros y los bloqueos. Y en el sur también está el norte. Las grandes megalópolis tienen sus barrios exclusivos, a los cuales se puede llegar incluso en helicópteros. A veces coinciden las clasificaciones sociales con la orientación geográfica: en Bogotá el norte es el norte y el sur es el sur. Al sur, Bosa y Ciudad Bolívar con su universo de buenas gentes viviendo en medio de la pobreza y de la inseguridad. En Cali, el sur es el norte, el de Ciudad Jardín. Y en el occidente, en Siloé y Terrón, y en el oriente, en el Distrito de Aguablanca, se palpa el sur. Antes, en los viejos tiempos del capitalismo, el sur era patético en medio del norte pujante y desarrollado. Charles Dickens (“Dos ciudades”, “Grandes esperanzas”), Víctor Hugo (“Los Miserables”), Emile Zola (“Germinal”), entre otros, describieron ese sur incrustado en las sociedades burguesas emergentes. Luego, otros grandes escritores describieron lo que se ha vivido en el sur, sub desarrollado (en desarrollo), deformado, nido de las desigualdades más extremas y de la miseria más repugnante, así por ejemplo: Carlos Luis Fallas (“Gentes y gentecillas”), Franz Fanon (“Los condenados de la tierra”), Dominique Lapierre (“La Ciudad de la alegría”), Ciro Alegría (“El mundo es ancho y ajeno”), Fernando Soto Aparicio (“La Rebelión de las ratas”) y, en los Estados Unidos, John Steinbeck (“Las Uvas de la ira”), porque allí también está el sur. Y el sur está perfectamente delineado en “Las Venas abiertas de América Latina”, del uruguayo Eduardo Galeano. Y en el sur, aún bajo la agobiante miseria, las gentes, el pueblo, no pierden la esperanza ni la alegría. ¡Allí están los seres más felices de la tierra!
 
“pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el sur también existe”.
 
Quizás, a la alegría del sur era que cantaba Raffaella Carrá, con su energía desbordante, en los setenta del Siglo XX:  
 
“Por si acaso se acaba el mundo
Todo el tiempo he de aprovechar
Corazón de vagabundo voy buscando mi libertad
He viajado por la tierra y me he dado cuenta de que
Donde no hay odio ni guerra el amor se convierte en rey
Tuve muchas experiencias y he llegado a la conclusión
Que viviendo enamorada en el sur se pasa mejor”
 
“Vuelvo al sur”, así se llama el tango compuesto por Fernando Solanas, el cineasta argentino, con la musicalización hecha por Astor Piazzola, hacia 1988, y cantada por Roberto Goyeneche. El sur, sinonimia del retorno a la vida, a la libertad, al respeto por los derechos humanos, sobre todo después de la vigencia de las dictaduras militares no solo en Argentina, sino también en Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Paraguay, entre otros países, mientras se disfrazaba (y aún se disfraza) de democracia en otros Estados: 
 
Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.
 
Te quiero Sur,
Sur, te quiero.
 
Vuelvo al Sur,
como se vuelve siempre al amor,
vuelvo a vos,
con mi deseo, con mi temor.
 
Quiero al Sur,
su buena gente, su dignidad,
siento el Sur,
como tu cuerpo en la intimidad.
Vuelvo al Sur,
llevo el Sur,
te quiero Sur,
te quiero Sur…
 
“El sur también existe”, decidió nombrar su disco de 1985 Joan Manuel Serrat, musicalizando la letra de Mario Benedetti, haciendo sentir con más fuerza y verosimilitud en la belleza de su voz y la profundidad de su interpretación que sí es cierto, que es la hora del sur, que el sur también existe, que ya nadie podrá olvidar que el mito del progreso y del 
desarrollo que forjó el norte deformado, ese norte hoy casi paralizado a pesar de la ciencia y la tecnología insuperables, ese mito debe ser deconstruido. Las calles vacías, las ciudades desoladas, son un símbolo de los nuevos relatos fundadores, con espacio para la naturaleza, las plantas y los animales, y los seres humanos, convertidos en peste arrasadora, dispuestos para construir un nuevo equilibrio, con el campo como eje, el campo que con sus campesinos ha sostenido la maquinaria paralizada del capitalismo y la vida misma. Un nuevo equilibrio en el que las megalópolis se vayan desmontando gracias a una política universal de retorno al campo. ¿Utopía? Hay lecciones por aprender aún, en el sur.  
 
Cantemos, con el mismo bardo catalán, la “Fiesta”, pues hoy ricos y pobres, norte y sur, débiles y poderosos, jóvenes y ancianos, están igualados por el efecto devastador de una pandemia contra la que se dice hay que unirse para hacerle la “guerra”, sin diferenciarse unos de otros. En realidad es imposible borrar las diferencias. Preguntemos a los banqueros, ellos saben muy bien de esto. Que no nos coja el “renacimiento” con la resaca del encierro entumecedor, que no nos coja dormidos. Sí, el sur también existe, pero muchas fuerzas habrá que sumar para hacerlo visible. ¿Quién ordenará, en el nuevo orden mundial?
 
«Apurad
Que allí os espero si queréis venir
Pues cae la noche y ya se van
Nuestras miserias a dormir.
Vamos subiendo la cuesta
Que arriba mi calle
Se vistió de fiesta».
 
¡Para la vida y la paz, todo. Para la violencia, la guerra y la muerte, …Nada!
 
Cali, mayo 8 de 2020, en el día cuadragésimo noveno de la pandemia por Coronavirus, con 9456 infectados, 407 muertos y 1200 recuperados en Colombia, y 3.848.512 contagiados, 269.823 muertos y 1.288.601 recuperados en el planeta.
 
 
 
 
 

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