Opinión

Ventas de garaje

Luis Carlos Rojas García

Escritor

Colombia se hunde en un mar de miseria, pobreza, injusticia, desigualdad, sangre, violencia y corrupción. Por supuesto, el fútbol ha vuelvo y los bares y moteles están abiertos ¡Qué más se le puede pedir a la vida! De todas maneras, Colombia es el país de la felicidad, de la gente más alegre y folclórica del mundo; entonces ¿Para qué preocuparnos?

No obstante, y mientras los colombianos siguen justificando cada masacre y muerte, divididos en medio de la ignorancia monumental que caracteriza al país, a miles de kilómetros de distancia en un país que, como ya lo dije antes, no es el paraíso, pero pareciera serlo, cientos de personajes se han levantado este fin de semana y han adornado las avenidas y calles en donde los límites de velocidad se cumplen y quien utiliza el claxon es visto como todo un maleducado,  con miles de artículos de segunda mano en muy buen estado.

Cuadros, libros, juguetes, ropa, zapatos, chaquetas, patines, artículos para la cocina, comida, antigüedades, muebles, todo lo imaginable e inimaginable se puede encontrar en estos lugares que parecen un mercado de pulgas de cuentos de hadas, lleno de color, sonrisas, amabilidad y lo mejor, a precios tan bajos que uno no puede creerlo.

Sí, una especie de tradición para estos tiempos en Québec y varios lugares de Canadá, son las ventas de garaje (vente de garage) o mercado de pulgas o remates como lo llamamos los latinos. Dichas ventas tienen como fin, primero, sacar las cosas que ya no se van a utilizar más, porque se acerca el invierno y es normal cambiar y remodelar; segundo, porque es una enorme oportunidad para quienes llegan a necesitar artículos usados muy buenos, los cuales a lo mejor no podrían comprar nuevos. Gente con mucho dinero o con poco, acuden a estos sitios sin pensar en el que dirán que atormenta al latino, eso aquí no incomoda a nadie.

Uno llegaría a pensar que por el hecho de ganar en dólares todo el tiempo la gente se dedica a estrenar, pero no, es una maravillosa y sana costumbre el reutilizar. Y digo que es maravillosa y sana porque de una u otra manera en esta sociedad de consumo desmedido, el comprar usado permite ser más amables con el medio ambiente.

Creo que, sin querer comparar, esta también debería ser una práctica para copiar. No puedo dejar de hablar sobre cómo, muchos de estos almacenes de segunda, los cuales tienen diferentes líneas incluyendo la línea de los ordenadores, prestan otro servicio a la sociedad, ya que son lugares especializados en la reintegración social de personas que por una y otra razón no han vuelto a trabajar. Aquí, dichas personas son recibidas y comienzan un proceso de adaptación a la vida laboral y eso también es bueno.

Como sea, cada vez que veo cosas como estás pienso que nuestro país Colombia, junto con sus miles de hombres, mujeres, niños, ancianos, indígenas y demás, merece una mejor vida, una vida amable y tranquila, una vida en donde todo pareciera:  une vente de garage !

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