Gracias, Selección Colombia: perder también hace parte de la historia de los grandes

Hay derrotas que duelen más que otras. No porque hayan sido humillantes, sino porque dejan la sensación de que el sueño estuvo al alcance de la mano. Así nos sentimos millones de colombianos después de la eliminación de nuestra Selección. Una eliminación que duele, que deja lágrimas, preguntas y, por supuesto, reflexiones.
En el fútbol de alto rendimiento es necesario hablar de responsabilidades. Analizar los errores no significa destruir a quienes los cometieron; significa aprender para que no vuelvan a repetirse. Y precisamente por eso creo que sería injusto buscar un único culpable.
El cuerpo técnico seguramente tendrá que revisar algunas decisiones tácticas, los cambios realizados durante el partido y las variantes ofensivas que hicieron falta cuando el encuentro se cerró. Los jugadores de ataque también deberán hacer autocrítica porque, en un Mundial, las oportunidades que no se aprovechan suelen pagarse muy caro.
Dentro de esa reflexión también incluyo a Luis Díaz. Es, sin discusión, uno de los mejores futbolistas colombianos de la actualidad y una figura consolidada en el fútbol europeo. Precisamente por eso las expectativas sobre él son tan altas. En mi opinión, esta vez quedó debiendo en los momentos más decisivos. No porque sea un mal jugador —todo lo contrario—, sino porque de las grandes figuras siempre esperamos que aparezcan cuando el país más las necesita.
Pero así como considero que hay responsabilidades, también creo que hay injusticias.
La más dolorosa de todas ha sido ver las amenazas de muerte contra Jaminton Campaz y su familia. Campaz tuvo un partido difícil, como cualquier futbolista puede tenerlo. Erró una oportunidad importante, sí. Pero de ahí a convertirlo en el enemigo de todo un país hay una distancia enorme. Ningún gol perdido puede justificar el odio ni mucho menos poner en riesgo la tranquilidad de una familia.
En el Tolima conocemos muy bien la calidad humana y deportiva de Campaz. Lo vimos crecer, lo vimos triunfar con la camiseta del Deportes Tolima y por eso duele aún más que hoy tenga que enfrentar semejante ola de ataques. El fútbol jamás puede hacernos perder la humanidad.
También quiero detenerme en un hombre que, para mí, marcó un antes y un después en nuestra historia: James Rodríguez.
Sí, los años pasan para todos. Ya no tiene el mismo despliegue físico de hace una década. Pero su talento, su visión de juego y su liderazgo siguen siendo fundamentales. Para mí, James Rodríguez es el mejor jugador que ha tenido la Selección Colombia. Es una opinión personal que defenderé siempre.
Cuando Radamel Falcao García sufrió aquella dolorosa lesión antes del Mundial de Brasil 2014, muchos pensamos que el sueño se había terminado. Sin embargo, apareció James para asumir el peso de todo un país sobre sus hombros. Fue el máximo goleador del Mundial, nos regaló uno de los goles más hermosos en la historia de la Copa del Mundo y llevó el nombre de Colombia a lo más alto del fútbol internacional.
Por eso me duele pensar que una generación tan extraordinaria, integrada por futbolistas como James, Falcao, Juan Guillermo Cuadrado y tantos otros, todavía no haya podido levantar un título importante con la Selección. Si alguien lo merecía, era esa generación que volvió a hacer creer a Colombia que podía competir de igual a igual contra cualquier potencia del mundo.
Y si hablamos de cambiar la historia del fútbol colombiano, también es imposible no mencionar al profesor José Néstor Pekerman.
Para mí, ha sido el mejor técnico que ha tenido la Selección Colombia. No solamente por los resultados, sino porque transformó la mentalidad del futbolista colombiano. Con él dejamos de conformarnos con participar y comenzamos a creer que podíamos competir, clasificar y soñar.
Precisamente por eso también considero que Néstor Lorenzo merece continuidad. Él hizo parte de ese proceso exitoso al lado de Pekerman y ha logrado construir una Selección sólida, competitiva y respetada internacionalmente. ¿Debe corregir errores? Por supuesto. Todo entrenador debe hacerlo. Ojalá escuche las críticas constructivas, encuentre nuevas variantes ofensivas y les brinde mayores oportunidades a jugadores que muchos aficionados consideramos merecen más protagonismo, como Jhon Arias, cuyo talento ha demostrado ser una herramienta importante para el presente y el futuro de nuestra Selección.
Las derrotas también hacen parte de la historia de los grandes equipos. Ningún campeón se construye sin aprender primero de sus caídas. Colombia tendrá que revisar qué hizo mal, corregir, ser más contundente y seguir creciendo. Pero también tendrá que recordar que ninguna eliminación justifica el odio, los insultos ni las amenazas.
Nuestros jugadores sufrieron esta derrota tanto como nosotros. Ellos también soñaban con levantar esa copa.
Hoy solo me queda decir gracias.
Gracias, James, por hacernos soñar durante tantos años. Gracias a esta generación por devolvernos el orgullo de vestir la camiseta amarilla. Gracias al profesor Lorenzo por mantener viva la ilusión de todo un país. Y gracias a los jóvenes que vienen detrás, porque estoy convencida de que el futuro del fútbol colombiano sigue siendo prometedor.
Esta vez no se pudo.
Pero si algo nos enseñó esta Selección es que Colombia ya no juega los grandes torneos únicamente para participar.
Hoy Colombia juega para competir.
Y, sobre todo, juega para volver a soñar.
Porque el amor por la Selección Colombia no termina cuando acaba un Mundial. El verdadero hincha permanece, incluso cuando el corazón duele.



